Abonos para ciruela

El ciruelo, Prunus domestica es un árbol de tamaño mediano, que alcanza una altura de 5-6 m.

Se cultiva por sus frutos en forma de drupa, los cuales son redondos u ovalados de color amarillo, rojo o violeta y recubiertos de una cera blanquecina (pruina). Tienen hueso con una o dos semillas en su interior. 

Cuenta con una gran cantidad de variedades (divididas principalmente en japonesas y europeas).

Clima y suelo

Se trata de un frutal rústico, que resiste bien las bajas temperaturas. Gracias a su sistema radicular superficial, tolera bien la humedad y se puede desarrollar en terrenos poco profundos, a diferencia de otros frutales. El suelo ideal para el cultivo de la ciruela es arenoso, fresco y sin exceso de humedad.

Las variedades japonesas son más sensibles a las heladas, mientras que las europeas presentan una mayor resistencia. En cuanto a floración, ambas lo hacen durante el mes de marzo, aunque las variedades japonesas florecen unas dos semanas antes que las europeas.

El árbol del ciruelo resiste bien a las bajas temperaturas, pero sus floraciones tempranas pueden verse afectadas por la incidencia de heladas. 

En invierno no necesita riegos si el cultivo se encuentra en una zona con lluvias relativamente frecuentes. Durante la fase de la producción del fruto, se debe mantener una humedad constante y no dejar que la tierra se endurezca. En verano, dependiendo de la zona, se recomienda regarlo una o dos veces por semana, sin llegar a encharcar el terreno.

Abonado del ciruelo

Las exigencias del ciruelo son similares a las de frutales de pepita. En general las plantas jóvenes proporcionan mejores calibres cuando están en buenas condiciones de suelo y abonado. Es muy recomendable la realización de análisis foliares para conocer de primera mano el estado nutricional del árbol.

Aproximadamente dos tercios de los aportes de abono nitrogenado deben aplicarse después del aclareo de frutos, y el tercio restante después de la recolección, para favorecer el desarrollo de yemas fuertes.

Es sensible a las deficiencias de calcio y magnesio, aunque la carencia de zinc y manganeso no suele ser tan frecuentes hay que tenerla en cuenta.

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